De la mesa de Lea.

 

El año pasado, nuestro primer boletín comenzaba con una brújula que nos ayudaba a orientarnos ante las difíciles batallas que nos esperaban. Esa brújula nos guió a lo largo de un ciclo: del dolor y la ira a la alegría y la conexión, y de ahí a la acción. Nos recordó que, incluso en los momentos difíciles, podíamos seguir adelante.

 Al repasar el año 2025, me doy cuenta de que a esa brújula le faltaban dos piezas.

 Lo primero es el descanso. El descanso no es un alejamiento. Es ese espacio sagrado en el que hacemos una pausa lo suficientemente larga como para replantearnos las cosas, soñar y recordar quiénes somos antes de volver al trabajo.

 Lo segundo es la presencia. La presencia física, emocional y mental. Cuando vuelvo a fijarme en el ciclo «Duelo → Alegría → Acción → Descanso», ahora me doy cuenta de que la presencia está presente en cada una de sus partes.

En estos momentos, muchos de nuestros vecinos viven con miedo. Quienes conocemos la historia sabemos que ya hemos vivido momentos como este. Sabemos lo que significa que el miedo se utilice como estrategia. Sabemos lo que significa que la distracción se convierta en un arma.

 Porque, aunque se está causando un daño real, el arma más poderosa que se utiliza contra nosotros no siempre es visible. Se trata de la distracción. Es ese torrente de caos destinado a agotarnos, a desconectarnos y a hacernos creer que lo que está ocurriendo es inevitable.

 Voy a ser sincero: me cuesta mucho resistirme a ello. Me veo arrastrado por el torrente interminable de titulares alarmistas. A veces me siento desanimado. Pero me he dado cuenta de algo importante: si me obsesiono constantemente con el mundo tal y como es, pierdo la capacidad de imaginar cómo debería ser.

La presencia es nuestra forma de resistir eso.

 Estar presentes en el duelo nos permite reconocer y asimilar de verdad lo que está pasando, lo que deja espacio para la alegría.

 La alegría nos reafirma en nuestra convicción de que juntos podemos lograrlo, lo que nos impulsa a actuar.

 La presencia en la acción nos llena de energía y, al mismo tiempo, nos agota, lo que nos lleva a buscar el descanso.

 Estar presentes en el descanso nos devuelve la energía y amplía nuestra imaginación, lo que nos devuelve a la tensión de aceptar lo que es, para que el ciclo pueda volver a empezar.

La presencia no es algo pasivo. La presencia es prestar atención de forma consciente a lo que más importa. 

¿Cómo se traduce eso en la práctica?

 Es como ir a ver cómo está tu vecino y preguntarle qué necesita. Es como plantar semillas en el jardín mientras imaginas a quiénes alimentarán. Es como luchar por políticas de vivienda sin olvidar a las familias reales cuyas vidas cambiarán. Es como ofrecer y recibir sanación para que podamos organizarnos desde cuerpos y mentes equilibrados y renovados.

 Todos los movimientos que han tenido éxito a lo largo de la historia han requerido la participación diaria de la gente común, comprometida con las relaciones, con la comunidad y con un futuro que quizá no todos lleguen a ver.

 Hay un proverbio mexicano que dice: «Intentaron enterrarnos. No sabían que éramos semillas».

 Tenemos más sabiduría, más conocimientos ancestrales y más poder colectivo de lo que el miedo nos hace creer.

 Así que les pido, como hice el año pasado, que utilicemos la respiración de nuestro cuerpo como prueba: seguimos aquí. Y mientras sigamos aquí —y sigamos teniéndonos los unos a los otros—, la victoria sigue siendo posible.

¿Podemos comprometernos este año a estar presentes los unos para los otros?
¿Podemos comprometernos a estar presentes ante la verdad?
¿Podemos comprometernos a luchar junto a nuestros vecinos por el mundo en el que queremos vivir?

 ¿Qué puedes hacer como colaborador de nuestra labor?

 Uno de nuestros objetivos este año es asegurarnos de que 13 comunidades de todo el estado y del país estén utilizando nuestro 

metodología a través de nuestro servicio de consultoría de participación comunitaria (el «Community Voice Blueprint») y de consultoría sobre cultura organizativa, no solo para organizar a nivel superficial, sino a un nivel de toma de decisiones genuino y centrado en la comunidad, basado en la confianza, el poder compartido y la práctica cotidiana.

 ¿Conoces alguna organización, comunidad religiosa, centro educativo o grupo de base que pudiera beneficiarse de nuestra formación y asesoramiento?

 Puedes ayudarnos a hacer crecer esta iniciativa. Por ejemplo:

Presentarse

Compartir nuestra metodología Blueprint con vuestras redes

Nos pone en contacto con líderes dispuestos a organizar las cosas de otra manera

Invitarnos a impartir formación o a ejercer de entrenadores en nuevas comunidades

La presencia se fortalece a través de las relaciones. Tus relaciones son importantes, y cada vínculo que estableces contribuye a fortalecer las comunidades y a fomentar el valor para dar un paso al frente.

 
VACV